SOBRE
Jaspers, Karl (1883-1969).
Entrada
del Diccionario Filosofíco Herder.
Médico
psiquiatra y filósofo alemán, nacido en Oldenburg, es junto con M. Heidegger
uno de los grandes representantes del existencialismo alemán. Antes de
dedicarse a la filosofía, ejerce como psiquiatra durante ocho años en
Heidelberg, donde primero enseña psicología y luego, a partir de 1916, filosofía,
hasta ser expulsado en 1937 por su postura antinazi. Acabada la guerra, vuelve a
Alemania en 1945 y, para colaborar en la reflexión colectiva sobre los
terribles hechos acaecidos en su país, escribe ¿Es culpable Alemania?
(1946); se dedica de nuevo a la docencia en Heidelberg y, luego, de 1948 a 1961
en Basilea.
El paso público
de la medicina a la filosofía lo marca la publicación, en 1919, de Psicología
de las concepciones del mundo, pero su gran obra filosófica es Filosofía
(1932). El punto de partida es que la filosofía es el “autoesclarecimiento de
la razón”: la razón que explica la Existencia (Dasein: el
hombre), entendiendo por tal, influido por Kierkegaard, la existencia del
individuo singular, “mi” propia existencia.
En
los tres volúmenes de esta obra, en la que resume sus enseñanzas en los cursos
de Heidelberg, desarrolla las tres fases por las que ha de discurrir el
pensamiento filosófico. La Existencia, que a su vez no puede prescindir de la
razón, busca “orientarse en el mundo” (vol. I: Orientación filosófica
en el mundo); como cosa del mundo que es, el hombre cree, en un primer
momento que la explicación de lo que él es puede hallarla en las ciencias de
la naturaleza. Las ciencias producen conocimiento, pero sólo de las cosas, no
de la Existencia, que es el sujeto que quiere esclarecer su propia existencia;
las ciencias ofrecen conocimientos dentro del mundo, pero no del mundo como
totalidad. No queda, pues, sino la perspectiva filosófica de considerarse uno
mismo, no como objeto, sino como sujeto que forma parte de la totalidad. En este
caso, el sujeto que intenta aclarar su Existencia (vol. II: Clarificación
de la Existencia) es él mismo Existencia: yo soy exactamente mi
situación en el mundo. La situación, como idéntica que es a la
Existencia, no puede ser cambiada, pero puede ser aceptada. La
libertad es, justamente, la aceptación consciente de la necesidad de la propia
situación: libertad sin alternativas, que consiste en elegir la única
alternativa posible, esto es, la de decidir ser lo único que se puede ser. En
esto también consiste la culpa originaria e inevitable: aceptar
su necesidad e inevitabilidad es libertad. En realidad el hombre es su
Existencia, es lo que realmente es. Llegar a este punto de partida, mediante la
filosofía, ser «sí mismo», es aceptar conscientemente la propia necesidad
(Existencia auténtica), de otra forma desconocida pero igualmente inevitable
(Existencia inauténtica). Estos conceptos de “libertad”, ·sí mismo”,
“Existencia”, etc., carecen de sentido en el mundo de la ciencia, pero lo
alcanzan en el ámbito de la filosofía, porque en él se refieren al individuo
singular y concreto, y se está en el mundo de la razón práctica. El
esclarecimiento por la razón de la propia Existencia no se alcanza más que
mediante la comunicación con otras Existencias; sólo puedo
llegar a ser yo mismo en comunicación con otras Existencias. No ver agotada en
mí la Existencia lleva a la comprensión de que la Existencia sólo puede
llegar a ser en relación con una trascendencia (vol. III: Metafísica).
A la trascendencia se llega por el hecho de intentar captar una Existencia, cuyo
esclarecimiento nunca se alcanza. La metafísica enseña que “ser” no es
precisamente posibilidad, sino imposibilidad: lo que se es se
manifiesta en la imposibilidad de llegar a serlo, lo cual a su vez manifiesta
que la Existencia está envuelta en un horizonte inalcanzable, que la trasciende
pero que le da sentido. Sólo se llega a ser (Existencia) en la comunicación
con los demás (finitamente) o en la aceptación del límite-revelación que es
la trascendencia. Experimentamos la trascendencia en dos tipos de situaciones:
en símbolos, o cifras, como mitos, dogmas, poesía, arte,
vivencia estética, comunicación, etc., o en situaciones-límite,
como por ejemplo, la inevitabilidad de la muerte, el sufrimiento, la culpa,
etc.; la imposibilidad de evitar estas situaciones revela la presencia de la
trascendencia. Situación límite y cifra por excelencia es el fracaso:
en él acepta el hombre lo inevitable y lo insuperable y se abre a lo
trascendente. En el fracaso se experimenta el ser.
En su segunda
gran obra filosófica, De la verdad, desarrolla el concepto
central de lo abarcador o circunvalante, con el que caracteriza la
trascendencia. Describe lo “abarcante” o “circunvalante”
como el horizonte total de sentido, o el absoluto, Dios, siempre lejano, nunca
alcanzable, siempre presente. Al Dios oculto e indemostrable sólo se llega por
el salto de la fe filosófica, que Jaspers quiere distinguir de la
cristiana, dogmática y rígida, como abierta y tolerante; sólo por la fe filosófica
puede alcanzar el hombre a Dios, que ya no es “cifra”, sino realidad misma y
sentido de la Existencia.
Existencialista
religioso, por tanto, no descuida sin embargo el compromiso político. Aparte de
la llamada a la reflexión colectiva en ¿Es culpable Alemania?
(1946), su obra La bomba atómica y el futuro de la humanidad
(1958) representa una colaboración entre filosofía y política: la posibilidad
de la autodestrucción total obliga a pensar racionalmente en el futuro del
hombre. La critica que ejerce, en los años de Basilea, contra la política del
gobierno de Bonn sobre rearme y reunificación alemana le relega a un cierto
olvido en Alemania.
Diccionario de filosofía en CD-ROM.
Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos
reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez
Riu.
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