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11[141] El retorno de lo mismo Proyecto
1. La incorporación de los errores fundamentales. 2. La incorporación de las pasiones. 3. La incorporación del saber y del saber que renuncia (pasión del conocimiento). 4. El inocente. El individuo como experimento. El aligeramiento de la vida, degradación, debilitamiento - tránsito. 5. El nuevo gran peso: el eterno retorno de lo mismo. Infinita importancia de nuestro saber y errar, de nuestras costumbres y modos de vida para todo el porvenir. ¿Qué hacemos con el resto de nuestra vida - nosotros que hemos pasado la mayor parte de ella en el desconocimiento más esencial? Enseñamos la doctrina - es el medio más fuerte de incorporarla a nosotros mismos. Nuestra especie de bienaventuranza como maestros de la más grande de las doctrinas.
A principios de agosto de 1881 en Sils-Maria, 6.000 pies sobre el nivel del mar ¡y mucho más arriba de todas las cosas humanas -
Relativo a 4) Filosofía de la indiferencia. Lo que antes estimulaba más intensamente obra hoy de forma muy distinta, es considerado y admitido ya tan sólo como juego (las pasiones y los trabajos), objeto de reprobación por principio en cuanto vida por fuera de la verdad, pero objeto de goce y cultivo estéticos en cuanto forma y estímulo, nos comportamos como niños frente a aquello que antes constituyera la seriedad de la existencia. Nuestro empeño por la seriedad consiste, mientras, en comprender todo como en devenir, negarnos como individuo, ver el mundo en lo posible desde muchos ojos, vivir en impulsos y ocupaciones PARA así crearse ojos, abandonarse temporalmente a la vida para después reposar temporalmente sobre ella con el ojo: alimentar los impulsos en cuanto fundamento de todo conocer, pero saber cuándo se vuelven adversarios del conocimiento: en suma, ESPERAR a ver hasta dónde se pueden INCORPORAR el saber y la verdad - y en qué medida ocurre una transformación del hombre cuando finalmente vive tan sólo para conocer - Esto es consecuencia de la pasión del conocimiento: no hay otro medio para su existencia que conservar también las fuentes y los poderes del conocimiento, esto es, los errores y las pasi[ones], de cuya lucha toma aquélla su fuerza conservadora. - ¿Qué aspecto toma esta vida respecto a su suma de bienestar? Un juego de niños, hacia el que el ojo del sabio dirige la mirada y que consiste en tener control sobre éste Y aquel estado - y sobre la muerte, si algo así no resultara posible. - Pero ahora viene el conocimiento más pesado, que convierte toda especie de vida en terriblemente llena de reparos: TIENE QUE ser comprobado un superávit de placer, de otra suerte ha de optarse por nuestra destrucción en función de la humanidad como medio de destrucción de la humanidad. O ya bien esto: hemos de colocar el pasado, el nuestro y el de toda la humanidad, sobre la balanza y también sopesarlo - ¡no!, este pedazo de historia de la humanidad va a, y tiene que, repetirse eternamente, esto lo podemos dar por descontado, ninguna influencia tenemos sobre ello: así dificulte nuestra compasión e indisponga contra la vida en general. A fin de que no seamos apabullados por esto, nuestra compasión ne puede ser grande. La indiferencia tiene que calar hondo en nosotros y también el deleite en la contemplación. Tampoco nos ha de incumbir en nada la miseria del hombre futuro. Si nosotros queremos seguir viviendo o no, ésta es la cuestión: ¡y de qué manera! A considerar: los diferentes estados sublimes que tenía como fundamentos de los diferentes capítulos y sus materias - como reguladores de la expresión, de la exposición, del pathos que gobierna en cada capítulo, - adquirir así una imagen de mi ideal, por decirlo así, mediante adición. ¡Y luego más hacia lo alto!
11[143] «pero si todo es necesario, ¿qué puedo disponer de mis acciones?» El pensamiento y la creencia son un gran peso que presiona sobre ti junto con los demás pesos y más que ellos. ¿Dices que la alimentación, el lugar, el aire, la sociedad te cambian y determinan? Ahora bien, tus opiniones lo hacen aún mayormente pues éstas te determinan a esta alimentación lugar, aire, sociedad. - Si te incorporas el pensamiento de los pensamientos, éste te transformará. La pregunta para todo lo que quieras hacer: «¿Es esto de tal manera que quisiera hacerlo incontables veces?», es éste el mayor de los grandes pesos.
11[148] El mundo de las fuerzas no sufre menoscabo: pues si así fuera se habría vuelto débil y habría sucumbido en el transcurso del tiempo infinito. El mundo de las fuerzas no acepta detención alguna: pues de lo contrario habría llegado a ella y el reloj de la existencia se hubiera detenido. El mundo de la fuerza no entra nunca en un equilibrio, no tiene nunca un instante de reposo, su fuerza y su movimiento son igualmente grandes en cada momento. Sea cual sea el estado que este mundo pueda alcanzar, lo tiene que haber alcanzado y no sólo una vez sino innumerables veces. Así este instante: ya estuvo presente una y muchas veces y retornará igualmente con todas las fuerzas repartidas exactamente como ahora: e igualmente ocurre con el instante que engendró a éste y con aquel que es el hijo del presente. ¡Hombre! Tu vida entera es volteada una y otra vez como un reloj de arena y una y otra vez se consumirá - un gran minuto de tiempo de por medio hasta cuando todas las condiciones de las que has surgido vuelvan a juntarse en el ciclo del mundo. Y entonces encontrarás nuevamente cada dolor y cada placer y cada amigo y cada enemigo y cada esperanza y cada error y cada hierba y cada resplandor del sol, la entera concatenación de todas las cosas. Este anillo en el que eres un grano, brilla siempre de nuevo. Y en cada anillo de la existencia humana hay siempre una hora en la que aparece el pensamiento más poderoso, primero a uno, luego a muchos, luego a todos, el pensamiento del eterno retorno de todas las cosas - cada vez es ésta, para la humanidad, la hora del mediodía.
11[157] Cuidémonos de atribuir a este ciclo cualquier afán o meta: o de valorarlo de acuerdo a nuestras necesidades como tedioso, estúpido, etc. En él se da, en efecto, el máximo grado de sinrazón tanto como lo contrario: pero no se puede medir de acuerdo a esto; razonabilidad o irrazonabilidad no son predicados para el todo. - Cuidémonos de pensar la ley de este círculo como devenida según la falsa analogía del movimiento circular dentro del anillo: no hubo primero un caos y después gradualmente un movimiento más armónico y, por último, un movimiento fijo, circular de todas las fuerzas: antes bien, todo es eterno, no devenido: si hubo un caos de las fuerzas entonces el caos era también eterno y retornaba en cada anillo. El ciclo no es algo que ha devenido, él es la ley primigenia, tal como la magnitud de la energía es ley primigenia, sin excepción, ni trangresión. Todo devenir ocurre dentro del ciclo y dentro de la magnitud de la fuerza; no utilizar, pues, para la caracterización del ciclo eterno los ciclos que devienen y pasan, v.gr. los de los astros o el flujo y reflujo, día y noche, las estaciones.
11[158] ¡Cuidémonos de enseñar esta doctrina como una religión repentina! Ella debe permear lentamente, generaciones enteras han de trabajar en ella y en ella hacerse fértiles, - para que se convierta en un gran árbol que dé sombra a toda la humanidad del porvenir. ¡Qué son el par de siglos en los que el cristianismo se ha mantenido! Para el pensamiento más poderoso se requieren muchos siglos - por mucho, mucho tiempo ha de ser pequeño e impotente!
11[159] ¡Imprimamos la imagen de la eternidad sobre nuestra vida! Este pensamiento contiene más que todas las religiones que desprecian esta vida como fugaz y que enseñaron a mirar en busca de una vida distinta indeterminada.
11[160] Esta doctrina es indulgente para con los que no creen en ella, no tiene ni infiernos ni amenazas. Quien no cree tiene en su conciencia una vida fugaz.
11[161] ¡No estar a la expectativa de bienaventuranzas y de bendiciones e indultos lejanos y desconocidos, sino vivir de tal manera que queramos vivir otra vez y queramos vivir así por la eternidad! - Nuestra tarea se nos plantea en cada instante.
11[163] El delirio político que me hace sonreír como en viejos tiempos el frenesí religioso a sus contemporáneos, es ante todo mundanización, fe en el mundo, quitarse-de-en-mente, «más allá» y «transmundo». Su meta es el bienestar del individuo FUGAZ: razón por la cual el socialismo es su fruto, i.e. los INDIVIDUOS fugaces quieren conquistar su dicha mediante socialización: no tienen motivo alguno para esperar como los hombres con almas eternas y devenir eterno y futuro devenir-mejor. Mi doctrina reza: la tarea es vivir de tal manera que tenga que desear vivir de nuevo - ¡en cualquier caso lo harás! A quien el empeño le aporte el sentimiento máximo, ¡que se empeñe!; a quien el reposo le aporte el sentimiento máximo, ¡que repose!; a quien la subordinación, el secundar, la obediencia le aporten el sentimiento máximo, ¡que obedezca! ¡Sólo que se vuelva consciente de Lo que le aporta el sentimiento máximo y no retroceda ante ningún medio! ¡La eternidad está en juego!
11[172] ¿Cómo damos peso a la vida interior sin volverla perversa y fanática contra los que piensan distinto? La fe religiosa decrece y el hombre aprende a comprenderse como fugaz y como inesencial, de esta forma se vuelve finalmente débil: no se ejercita tanto en el empeño y el aguante, quiere el goce presente, se hace las cosas fáciles y ligeras - y emplea quizá mucho ingenio en ello.
11[202] La magnitud de la fuerza universal está determinada, no es nada «infinito»: ¡cuidémonos de estas extralimitaciones del concepto! En consecuencia, el número de las situaciones, cambios, combinaciones y desarrollos de esta fuerza es, sin duda, inmensamente grande y a la vez prácticamente «inconmensurable», pero, en todo caso, determinado y no infinito. Pero el tiempo, en el que el universo ejerce su fuerza ciertamente es infinito, i.e., la fuerza es eternamente igual y eternamente activa: - hasta este instante ha transcurrido ya una eternidad, i.e., todos los desarrollos posibles tienen que haber existido ya. Por lo tanto, el desarrollo presente tiene que ser una repetición y así también en el que lo engendró y el que surge de él y así sucesivamente hacia adelante y hacia atrás. Todo ha existido innumerables veces en la medida en que la situación total de todas las fuerzas retorna siempre. Si, descontando esto, algo igual ha existido alguna vez o no, es algo totalmente indemostrable. Parece que la situación total conforma novedosamente las propiedades hasta en lo más mínimo, de suerte que dos situaciones totales diferentes no pueden tener nada igual. ¿Puede o no haber algo igual en una única situación total, v.gr. dos hojas? Lo dudo: esto supondría que tendrían un origen absolutamente idéntico y entonces tendríamos que asumir que ha existido algo idéntico por toda la eternidad anterior, a pesar de todos los cambios en las situaciones totales y toda creación de nuevas propiedades - ¡una asunción imposible!
11[203] Examinemos cómo ha obrado hasta ahora el pensamiento de que algo se repite (el año v.gr., o las enfermedades periódicas, despertar y dormir, etc.). Si bien la repetición circular es tan sólo una probabilidad o una posibilidad, también el pensamiento de una posibilidad nos puede sacudir y transformar, no sólo sacudir y transformar sensaciones o ciertas expectativas. ¡Cómo ha obrado la posibilidad de la condenación eterna!
11[213] El devenir infinitamente nuevo es una contradicción: supondría una fuerza infinitamente creciente. Pero ¡de qué habría de crecer! ¡De dónde habría de alimentarse, de alimentarse de excedentes! La asunción de que el universo es un organismo se contradice con la esencia de lo orgánico.
11[220] El pensamiento más poderoso consume mucha fuerza que antes estaba a disposición de otras metas, obra, así pues, transformador, crea nuevas leyes de movimiento de la fuerza pero no crea una nueva fuerza. En ello radica, sin embargo, la posibilidad de redeterminar y reordenar en sus afectos a cada hombre considerado individualmente.
11[339] ¿Estáis ahora preparados? Tenéis que haber vivido y pasado por cada grado de duda y haberos bañado con deleite en corrientes gélidas - de lo contrario no tenéis derecho alguno a este pensamiento; ¡quiero defenderme de los creyentes fáciles y de los exaltados! ¡Quiero defender mi pensamiento de antemano! Él ha de ser la religión de las almas más libres, joviales y sublimes - ¡una pradera entre hielo dorado y cielo puro!
26[283] Para soportar la idea del retorno: se requiere libertad con respecto a la moral, nuevos medios contra el hecho del dolor (concebir el dolor como instrumento, como padre del placer - no hay una conciencia sumativa del displacer) el goce de toda especie de incertidumbre y experimentabilidad como contrapeso de aquel extremo fatalismo la abolición del concepto de necesidad la abolición de la «voluntad» la abolición del «conocimiento en sí» máxima elevación de la conciencia de la fuerza en el hombre en cuanto aquel que crea al superhombre.
26[284]
34[28] Superchería: ¡creer en el ente, en lo incondicionado, en el espíritu puro, en el conocimiento absoluto, en el. valor absoluto, en la cosa en sí! En estos principios se alberga por todas partes una contradicción.
34[208] N.B. «La lucha por la existencia» - esto designa un estado de excepción. La regla es, antes bien, la lucha por poder, por «más» y «mejor» y «más rápido» y «más frecuentemente».
35[55] Rechazar «atemporal». En un determinado instante de la fuerza está dada la absoluta condicionalidad de una nueva repartición de todas sus fuerzas: no puede detenerse. El «cambio» pertenece a la esencia, por lo tanto, también la temporalidad: con lo que sólo se introduce conceptualmente, una vez más, la necesidad del cambio.
35[60] La incesante voluntad de poder o de continua creación o de transformación o de autosometimiento.
35[68] Relativo al anillo de los anillos N.B. A la fuerza que se transforma manteniéndose siempre la misma le pertenece un lado interno, una especie de carácter de Proteo-Dioniso, disimulándose y regocijándose en la metamorfosis. La «persona» ha de ser concebida como engaño: la herencia es de hecho la objeción fundamental en cuanto un sinnúmero de fuerzas formadoras de tiempos muy anteriores constituyen su conformación persistente: en realidad, estas fuerzas pugnan en la persona y son regidas y domadas - una voluntad de poder atraviesa las personas, tiene necesidad del empequeñecimiento de la perspectiva, del «egoísmo», como condición provisoria de existencia; desde cada estadio se mantiene a la expectativa de uno superior. El empequeñecimiento del principio efectivo al transformarse en «persona», en individuo.
36[15] Si el mundo tuviese una meta tendría que haberse alcanzado. Si hubiese para él un estado final inintencionado tendría igualmente que haber sido alcanzado. Si de algún modo fuese capaz de perdurar, de quedar inmóvil, de «ser», si siquiera en un instante de todo su devenir tuviese esta capacidad de «ser», se habría llegado hace tiempo al término de todo devenir, y, así, también de todo pensar, de todo «espíritu». El hecho del «espíritu», en cuanto devenir, demuestra que el mundo no tiene ninguna meta, ningún estado final y es incapaz de ser. La vieja costumbre de pensar en metas respecto a todo acontecer y en un Dios conductor y creador respecto al hecho del mundo es, sin embargo, tan poderosa que el pensador tiene dificultades para no concebir la falta de meta nuevamente como una intención. En esta ocurrencia -que el mundo elude intencionalmente una meta y que sabe incluso evitar artificiosamente caer en una circularidad- han de incurrir quienes desean decretar al mundo la capacidad de eterna novedad, es decir, decretar a una fuerza finita, determinada, invariablemente igual de grande como es el «mundo» - la prodigiosa capacidad de infinita reconfiguración de sus formas y situaciones. El mundo, aunque ya no un Dios, debe ser, sin embargo, capaz del poder divino del creador, de una infinita fuerza de transformación; debe poder prevenir a voluntad recaer en sus formas pretéritas, debe tener no solamente la intención, sino también los medios para cuidarse de toda repetición; debe, pues, controlar en todo instante todos sus movimientos para evitar metas, estados finales, repeticiones - y todo lo que puedan ser las consecuencias de una forma tal de pensar y desear imperdonablemente desquiciada. Ésta todavía sigue siendo la vieja forma religiosa de pensar y desear, una especie de anhelo de creer que en algún respecto el mundo es, en efecto, semejante al viejo y amado Dios infinito e ilimitadamente creador - que, en algún respecto, «el viejo Dios todavía vive» - aquel anhelo de Spinoza que se expresa en la sentencia «deus sive natura» (llegando él incluso a sentir natura sive deus). ¿Cuál es entonces el principio y la fe con los que se formula del modo más determinado el giro decisivo, la recién adquirida preponderancia del espíritu científico sobre el espíritu religioso inventor de dioses? No reza acaso este principio: no es lícito pensar el mundo en cuanto fuerza como algo ilimitado, pues éste no puede ser pensado de esta manera - nos vedamos el concepto de una fuerza infinita como incompatible con el concepto de «fuerza». Así pues - el mundo carece también de la capacidad de eterna novedad.
36[22] Ei vinculo entre lo inorgánico y lo orgánico ha de radicar en la fuerza de repulsión que ejerce cada átomo de fuerza. La vida tendría que definirse como una forma duradera de un proceso de fijaciones de la fuerza, en el que los distintos contendientes crecen desigualmente. Hasta qué punto hay una resistencia aun en el acatamiento; no se ha renunciado por ello en absoluto al poder propio. Asimismo hay en el mandar una concesión de que el poder absoluto del adversario no ha sido vencido, incorporado, disuelto. «Acatar» y «mandar» son formas del juego de lucha.
36[31] El concepto victorioso de «fuerza» con el que nuestros físicos han creado a Dios y al mundo aún requiere de una complementación: ha de atribuírsele un mundo interno que yo designo como «voluntad de poder», i.e., como una insaciable ansia de demostración de poder; de utilización, ejercicio de poder, como impulso creativo, etc. Los físicos no logran eliminar de sus principios la «acción a distancia»: ni tampoco una fuerza de repulsión (o de atracción). No hay nada que hacer: hay que asumir todos los movimientos, todos los «fenómenos», todas las «leyes», sólo como simples síntomas de un acontecer interior y servirse hasta el final del hombre como analogía. En el caso del animal es posible derivar todos sus impulsos de la voluntad de poder: igualmente todas las funciones de la vida orgánica de esta única fuente.
38[8] La voluntad. En toda volición está unida una pluralidad de sensaciones: la sensación del estado fuera del cual se quiere ir, la sensación del estado hacia el cual se quiere ir, la sensación misma de este «fuera de y hacia», la sensación de duración correspondiente, por último, incluso una sensación muscular acompañante que, aunque no pongamos en movimiento brazos ni piernas, inicia su juego tan pronto como «queremos», en virtud de una especie de costumbre. Así como se ha de reconocer a la sensación, en cuanto sentir de múltiples formas, como ingrediente de la voluntad, del mismo modo se ha de reconocer, en segundo lugar, al pensar: en todo acto de la voluntad manda un pensamiento - y no hay que creer que es posible disociar este pensamiento de la volición misma como si entonces quedara restando aún volición alguna. En tercer lugar, la voluntad no es solamente un complejo de sentir y pensar sino, ante todo, además, un afecto: aquel afecto del mando. La denominada libertad de la voluntad es, en esencia, el sentimiento de superioridad en relación a quien tiene que obedecer: «Yo soy libre, él tiene que obedecer» - esta conciencia se encuentra alojada en toda voluntad y precisamente aquella tensión de la atención, aquella mirada clara que se pone en mira una sola cosa, aquella valoración excluyente: Ahora hay necesidad de esto y no de otra cosa», aquella certeza interna de que se obedece, todo esto forma parte del estado de quien manda. Un hombre que quiere - manda a un algo dentro de sí que obedece o del que cree que obedecerá. Nótese, sin embargo, qué es lo más esencial en la «voluntad», en esta cosa tan complicada para la cual el pueblo tiene una sola palabra. En la medida en que, dado el caso, somos a la vez los que mandan y los que obedecen y en que, como obedientes, conocemos las sensaciones de resistencia, apremio, presión y movimiento, las cuales suelen comenzar inmediatamente después del acto de la voluntad; en la medida en que tenemos la costumbre de ignorar esta duplicidad y de engañarnos acerca de ella con ayuda del concepto sintético «yo», se ha asociado al querer una serie de inferencias erróneas, y en consecuencia, de valoraciones erróneas de la voluntad misma: - de modo que el que quiere cree de buena fe que su voluntad misma es el mobile real y suficiente de la acción en su integridad. Y dado que en la gran mayoría de los casos sólo se ha querido algo cuando también era lícito esperar el efecto del mandato, el obedecer, es decir, la acción, entonces se ha traducido la apariencia en sensación de que existiera aquí una necesidad del efecto: el que quiere cree con un grado considerable de seguridad que la voluntad y la acción son, en cierta manera, una y la misma cosa - atribuye el éxito de la ejecución de la voluntad también a la voluntad misma y disfruta de un incremento ele aquella sensación de poder que todo mandar conlleva. «Libertad de la voluntad»: esta es la expresión para aquel estado, mixto en alto grado, del que quiere, i.e., del que manda y, a la vez, goza, en cuanto ejecutor, del júbilo de la superioridad frente a los obstáculos, y que, sin embargo, juzga que es la voluntad misma la que supera los obstáculos: - suma las sensaciones placenteras del exitoso instrumento ejecutor -de la voluntad y subvoluntad serviciales- a sus sensaciones placenteras en cuanto mandante. Este entreverado nido de sensaciones, estados y falsas suposiciones que el pueblo designa con una sola palabra y como una sola cosa por el hecho de encontrarse ahí de repente y de «una vez», y por pertenecer a las vivencias más frecuentes y, por ende, más «conocidas»: la voluntad tal y como aquí la he descrito - ¿ha de creerse que nunca se la ha descrito hasta ahora? ¿Que el torpe prejuicio del pueblo ha prevalecido en toda filosofía exento de cualquier examen hasta el presente? ¿Que acerca de lo que sea «querer» no ha habido entre los filósofos ninguna diferencia de opinión, pues todos han creído que se estaría aquí en posesión de una certeza inmediata, de un hecho fundamental, y que el opinar estaría aquí totalmente fuera de lugar? ¿Y que todos los lógicos enseñan aún la trinidad «pensar, sentir, querer» como si «querer» no incluyera ningún sentir ni pensar? - tras todo lo expuesto, el gran desacierto de Schopenhauer al haber tomado la voluntad por la cosa más conocida del mundo, más aún, por la única cosa realmente conocida, se muestra como menos extravagante y arbitrario: solamente adoptó un enorme prejuicio de todos los filósofos hasta el presente, un prejuicio del pueblo, exagerándolo, como en general hacen los filósofos.
38[12] ¿Y sabéis también qué es para mí «el mundo»? ¿He de mostrároslo en mi espejo? Este mundo: una enormidad de fuerza, sin comienzo, sin fin; una cantidad fija, férrea de fuerza, que no se hace mayor ni menor, que no se consume sino que sólo se transforma, invariablemente grande en cuanto totalidad; una economía sin gastos ni pérdidas pero asimismo sin crecimiento, sin entradas; rodeado por la nada como por su límite; no es algo difuso que se desperdicie, ni que se extienda infinitamente, sino en cuanto fuerza determinada, colocado en un espacio determinado y no en un espacio que estuviese «vacío» en algún punto, ante bien, como fuerza, presente en todas partes, como juego de fuerzas y olas de fuerza, siendo al mismo tiempo uno y «muchos», acumulándose aquí y al mismo tiempo disminuyéndose allí, un mar de fuerzas borrascosas anegándose en sí mismas, transformándose eternamente, regresando eternamente, con inmensos años de retorno, con un flujo y reflujo de sus formas que arrastra en su impulso de las más simples a las más complejas, de lo más quieto, rígido, frío a lo más ardiente, indómito y autocontradictorio, y, luego, una vez más, retornando de la abundancia a lo simple, del juego de las contradicciones al placer de la consonancia, afirmándose a sí mismo aun en esta igualdad de sus derroteros y de sus años, bendiciéndose a sí mismo como aquello que ha de regresar eternamente, como un devenir que no conoce ni saciedad ni hastío ni cansancio: - este mi mundo dionisíaco del crearse-así-mismo-eternamente, del destruirse-a-sí-mismo-eternamente, este mundo-misterio de los deleites dobles, este mi más allá del bien y del mal, sin objetivo, a no ser que lo haya en la dicha del círculo, sin voluntad, a no ser que un anillo tenga una buena voluntad para consigo mismo. - ¿Queréis un nombre para este mundo? ¿Una solución para todos sus enigmas? ¿Una luz también para vosotros, los más ocultos, los más fuertes, los más impasibles, los más de medianoche? ¡Este mundo es la voluntad de poder - y nada más! ¡Y también vosotros mismos sois esta voluntad de poder - y nada más!
40[37] ¿No bastará con que concibamos como «fuerza» una unidad en la que querer, sentir y pensar se hallen todavía mezclados e indivisos? ¿Y a los seres orgánicos como inicios de separación de manera que las funciones orgánicas aún se encuentren todas unas junto a otras en aquella unidad, a saber, la autorregulación, la asimilación, la nutrición, la defecación y el metabolismo? En último término nada está dado como «real» fuera del pensamiento y la sensación y los impulsos: ¿no será lícito ensayar si esto dado no es suficiente para construir el mundo? No quiero decir como apariencia: sino tan real cual lo es justamente nuestro querer, sentir y pensar - aunque como forma primitiva, del mismo. La cuestión es, en último término: si reconocemos o no la voluntad como realmente eficiente. Si así lo hacemos, entonces ésta sólo puede, obviamente, producir efecto sobre algo que sea de su género: y no sobre «materias». O bien hay que concebir todo efecto como ilusión (¡pues nos hemos formado nuestra representación de causa y efecto atendiendo exclusivamente al arquetipo de nuestra voluntad en cuanto causa!) y entonces nada en absoluto resulta comprensible: o bien hay que intentar concebir todos los efectos como del mismo género, a la manera de actos de voluntad, es decir, postular la hipótesis de si todo el acontecer mecánico, en la medida en que en él haya una fuerza, no será justamente fuerza volitiva - Las «almas mortales» o, en otras palabras, la imposibilidad de transferir la relación numérica a estas cosas. Contra el individuo. El «contar» es solamente una simplificación, al igual que todos los conceptos. A saber: allí donde algo tiene que ser pensado de manera puramente aritmética, se abstrae la cualidad. Asimismo, en todo el plano lógico, en que la identidad de los casos constituye el presupuesto, en que, pues, el verdadero carácter especial de todo proceso ha sido abstraído (lo nuevo, lo no comprensible a partir de las condiciones de su surgimiento o, en otras palabras, lo no comprehendido).
43[1] Esbozo El primer problema es: ¿a qué profundidad penetra «la voluntad de verdad» en las cosas? Mídase el valor entero que tiene el desconocimiento en el conjunto de los medios para la conserva.ción de lo viviente, así como en general, el valor de las simplificaciones y de las ficciones regulativas, v.gr., las lógicas; sopésese ante todo el valor de las interpretaciones, y hasta qué punto no «esto es», sino «esto significa» [---] así se llega a la siguiente solución: la «voluntad de verdad» se desarrolla al servicio de la «voluntad de poder»; vista con exactitud, su verdadera tarea es contribuir a la victoria y perduración de una determinada especie de no-verdad, es tomar una totalidad coherente de falseamientos como base para la conservación de una especie determinada de seres vivos. Problema: a qué profundidad desciende la voluntad de bondad en la esencia de las cosas. Vemos por todas partes, en la planta y el animal, lo contrario: indiferencia, o dureza, o crueldad. La «justicia», el «castigo». El desarrollo de la crueldad. Solución: La sim-patía solamente se da en formaciones sociales (de las que forma parte el cuerpo humano, cuyas entidades singulares vivas sienten unas por otras), como consecuencia de que una totalidad más grande quiere conservarse en contra de otra totalidad y, además, porque en la economía total del mundo, donde no cabe la posibilidad de sucumbir o de perder, la bondad sería un principio superfluo. Problema: a qué grado de profundidad forma parte la razón del fundamento de las cosas. De acuerdo a una crítica del fin y los medios (no una relación fáctica sino siempre solamente una que se intro-interpreta), el carácter del derroche, del desquicio es normal en la economía total. La «inteligencia» aparece como una forma especial de irracionalidad, casi como su caricatura más perversa. Problema: hasta dónde alcanza la «voluntad de lo bello». Desarrollo implacable de las formas: las más bellas son sólo las más fuertes: en cuanto formas victoriosas, se sostienen entre sí y se alegran de su tipo: reproducción. (La creencia de Platón de que incluso la filosofía es una especie de sublime impulso sexual y procreador.) Las cosas, pues, que hemos tenido hasta ahora en la más alta estima, en cuanto lo «verdadero», «bueno», «racional», «bello», se revelan como casos particulares de los poderes inversos - señalo con el dedo esta enorme falsificación perspectivista, en virtud de la cual la especie humana se logra imponer por ella misma. Es su condición de existencia que encuentra placer, por esta razón, en sí misma El hombre siente alegría por los medios de su conservación; y de ellos hace parte el que el hombre no se quiera dejar engañar, que los hombres se ayuden mutuamente y estén dispuestos a entenderse; y el que, en general, los tipos exitosos sepan vivir a costa de los fracasados. En todo ello se manifiesta la voluntad de poder, con su falta de reparos en acudir a los medios del engaño: se puede imaginar la malvada diversión que un Dios sentiría ante la visión del hombre admirándose a sí mismo. Así pues: la voluntad de poder. Consecuencia: si esta representación nos resulta hostil, ¿por qué nos plegamos a ella? ¡Que vengan las bellas alucinaciones! ¡Seamos, embaucadores y embellecedores de la humanidad! De hecho, lo que un filósofo es en realidad.
1[24] Alma y aliento y existencia [esse] equiparados. el ser: ya no hay ningún otro ser.
1[30] A. Punto de partida psicológico: - nuestro pensar y valorar es solamente una apetencias que gobiernan escondidamente - las apetencias se especializan cada vez más: su unidad es la voluntad de poder (para tomar la expresión correspondiente al más fuerte de los impulsos, el cual ha dirigido hasta ahora toda evolución orgánica) - reducción de todas las funciones orgánicas fundamentales a la voluntad de poder - la cuestión acerca de si ella no constituirá asimismo el mobile en el mundo inorgánico. Pues en la interpretación mecanicista del mundo se sigue necesitando un mobile - «ley de la naturaleza»: como fórmula para la producción incondicionada de las relaciones y los grados de poder - el movimiento mecánico es únicamente un medio de expresión del acontecer interno - «causa y efecto».
1[33] - El ansia más terrible y más fundamental del hombre, su impulso en busca de poder -a este impulso se le llama «libertad»- tiene que haber sido mantenido a raya durante el máximo tiempo. Por esta misma razón la ética, con sus instintos inconscientes de educación y crianza, ha estado encaminada hasta ahora a mantener a raya el ansia de poder: denigra al individuo tiránico y realza el instinto de poder del rebaño con su ensalzamiento de la asistencia comunitaria y del amor patrio.
1[54] El carácter de la voluntad incondicional de poder se halla presente en la totalidad del reino de la vida. Si bien tenemos un derecho a negar el hecho de la conciencia, difícilmente lo tenemos en cambio para negar los afectos impulsores, v.gr., en una selva virgen. (La conciencia contiene siempre un doble reflejo, - no hay nada inmediato.)
1[57] Las transformaciones de la voluntad de poder, sus conformaciones y sus especializaciones - ¡exponerlas paralelamente a la evolución morfológica!
1[58] Desde cada uno de nuestros impulsos fundamentales existe una distinta apreciación perspectivista de todo acontecer y vivenciar. Respecto a cualquier otro, cada uno de estos impulsos se siente impedido, o bien promovido o adulado, cada cual tiene su propia ley evolutiva (sus altas y sus bajas, su ritmo, etc.) y cuando uno está falleciendo otro crece. El hombre es una pluralidad de «voluntades de poder»: cada una con una pluralidad de medios de expresión y de formas. Las presuntas «pasiones» tomadas por separado (v.gr. el hombre es cruel) son sólo unidades ficticias en la medida en que aquello que desde los diferentes impulsos fundamentales se presenta a la conciencia como del mismo género, es condensado sintéticamente en una «esencia» o «facultad», en una pasión. Del mismo modo en que el «alma» misma es una expresión para todos los fenómenos de la conciencia: expresión que, sin embargo, interpretamos como causa de todos estos fenómenos (¡la «autoconciencia» es ficticia!).
1[62] «Voluntad», una falsa cosificación.
2[76] De la jerarquía: Relativo a I. En torno a la fisiología del poder La aristocracia en el cuerpo, la mayoría de los dominantes, ¿lucha de los tejidos? La esclavitud y la división del trabajo: el tipo superior sólo posible por sometimiento de un tipo inferior convertido en una función. Placer y dolor ninguna oposición. La sensación de poder. La nutrición, simplemente una consecuencia de la apropiación insaciable, de la voluntad de poder. Procreación, la descomposición presentándose ante la impotencia de las células dominantes para organizar lo apropiado. Es la fuerza formadora la que quiere tener siempre nuevo «material» disponible (aún más «fuerza»). La obra maestra de la constitución del organismo a partir del huevo. «Concepción mecanicista»: no quiere sino cantidades: pero la fuerza radica en la cualidad: la mecánica, por tanto, sólo puede describir procesos, no explicarlos. La «finalidad». Partir de la «sagacidad» de las plantas. Concepto de «perfeccionamiento»: no solamente una mayor complejidad, sino también un mayor poder (-no tiene que ser únicamente una masa mayor-). Conclusión referente al desarrollo de la humanidad: el perfeccionamiento consiste en la producción de los individuos más poderosos, de los cuales la inmensa multitud es convertida en instrumento (y, es más, en instrumento sumamente inteligente y móvil). Los artistas como los pequeños formadores. En contraste, la pedantería de los «educadores». El castigo: preservación de un tipo superior. El aislamiento. Falsas enseñanzas extraídas de la historia. ¡No porque algo encumbrado fracasara o porque fuera objeto de abuso (como la aristocracia) está ya refutado!
2[148] La voluntad de poder interpreta: en la formación de un órgano se trata de una interpretación; la voluntad de poder delimita, determina grados y diferencias de poder. Las meras diferencias de poder no podrían aún percibirse como tales: tiene que haber un algo con voluntad de crecimiento que, basándose en su valor, interprete todo otro algo con voluntad de crecimiento En esto igual [--] En realidad la interpretación es ella misma un medio para enseñorearse de algo. El proceso orgánico supone un continuo INTERPRETAR.
2[172] El «ser» - no tenemos de él otra representación que «vivir». - ¿Cómo puede entonces algo muerto «ser»?
2[151] No se debe preguntar: “¿quién interpreta entonces?”, sino que el interpretar mismo, como una forma de la voluntad de poder, tiene existencia (pero no como un “ser”, sino como un proceso, un devenir) como un afecto.
2[190] ¿Qué valor tienen en sí mismas nuestras valoraciones y nuestras tablas morales? ¿Qué resulta de su dominio? ¿En favor de quién? ¿En relación a qué? - Respuesta: en favor de la vida. Pero ¿qué es la vida? Aquí se hace necesaria, pues, una nueva y más precisa comprensión del concepto de «vida»: mi fórmula al respecto reza: vida es voluntad de poder. ¿Qué significa el valorar mismo? ¿Remite éste a un mundo distinto, metafísico por detrás o por debajo? Como todavía creía Kant (quien se encuentra antes del gran movimiento histórico). En resumen: ¿dónde se originó? ¿O no tuvo origen? Respuesta: el valorar moral es una interpretación, una forma de interpretar. La interpretación misma es un síntoma de ciertos estados fisiológicos, así como de un cierto nivel espiritual de juicios predominantes. ¿Quién interpreta? - Nuestros afectos.
5[9] Exotérica - esotéricamente 1. Todo es voluntad contra voluntad 2. No existe voluntad ninguna 1. Causalismo 2. No existe nada semejante a causa-efecto 1. Toda causalidad se remite psicológicamente a la creencia en intenciones: justamente el efecto de una intención es algo indemostrable. (Causa efficiens es una tautología con finalis) visto psicológicamente.
5[54] El principio de la conservación de la energía exige el eterno retorno.
7[54] Imprimir al devenir el carácter del ser - esta es la máxima voluntad de poder. Doble falseamiento, proveniente de los sentidos y del espíritu, a fin de obtener un mundo del ente, de lo que perdura, de lo que mantiene igual su valor, etc. Que todo retorna es el extremo acercamiento de un mundo del devenir al del ser: cima de la meditación De los valores que se conceden al ente procede la condena y la insatisfacción en lo que deviene: después de que primeramente se inventara semejante mundo del ser. Las metamorfosis del ente (cuerpos, Dios, ideas, leyes de la naturaleza, fórmulas, etc.). «El ente» como apariencia; inversión de los valores: la apariencia, lo que confiere valor. El conocimiento, en sí, imposible en el devenir; ¿cómo es posible entonces el conocimiento? Como error sobre sí mismo, como voluntad de poder, como voluntad de engaño. El devenir como inventar, querer, negarse a sí mismo, autosuperarse: ningún sujeto, sino un hacer y un poner creativos, nada de «causas y efectos». El arte como voluntad de superar el devenir, como «eternizar», pero corto de vista, de acuerdo a la perspectiva: repitiendo, como quien dice, en pequeño, la tendencia del todo. Considerar lo que se muestra en toda vida como fórmula abreviada que representa la tendencia total: por esto, una nueva fijación del concepto de «vida» como voluntad de poder. En lugar de «causa y efecto» la lucha de los seres en devenir entre sí, frecuentemente con absorción del adversario; sin ningún número constante de seres en devenir. Inutilidad de los viejos ideales para la interpretación de la totalidad de lo que acontece una vez que se ha reconocido su proveniencia y utilidad animal; todos, además, en contradicción con la vida. Inutilidad de la teoría mecanicista - da la impresión de ausencia de sentido. El idealismo entero de la humanidad precedente está a punto de convertirse de golpe en nihilismo - en la creencia en la absoluta ausencia de valor, es decir, ausencia de sentido... La destrucción de los ideales, la nueva desolación, las nuevas artes para soportar, nosotros los anfibios. Presupuesto: coraje, paciencia, ningún «regreso», ningún ardor hacia adelante. N.B. Zaratustra, comportándose siempre paródicamente frente a todos los valores anteriores, a fuerza de plenitud.
7[62] Pocos ven claro lo que encierra el punto de vista de la deseabilidad, de cada «así debería ser, pero no es» o incluso «así debería haber sido»: una condena de la marcha total de las cosas. Pues no existe nada aislado en ella: lo más pequeño sustenta la totalidad, sobre tu pequeña injusticia descansa la construcción total del futuro, en cada crítica que afecta lo más mínimo se condena también la totalidad. Ahora, dando por supuesto, como supusiera el mismo Kant, que la norma moral no ha sido nunca perfectamente realizada, que quedaría pendiendo sobre la realidad como una especie de más-allá sin caer jamás en ésta: entonces la moral encerraría un juicio sobre la totalidad, el cual admitiría la pregunta: ¿de dónde se toma la moral este derecho? ¿Cómo es que la parte llega a hacer aquí de juez de la totalidad? - Y si este juzgar moralmente y esta insatisfacción moral ante lo real fueran de hecho, como se ha aseverado, un instinto inextinguible, ¿no vendría entonces, quizá, a participar de aquellas inextinguibles imbecilidades y también inmodestias de nuestra especie? - Pero, en cuanto decimos esto, hacemos aquello que condenamos; la posición de la deseabilidad, del hacer de juez incompetente, participa del carácter de la marcha de las cosas, al igual que toda injusticia e imperfección - es justamente nuestro concepto de «perfección» el que no encuentra cumplimiento. Todo impulso que quiere ser satisfecho, expresa su insatisfacción con el estado presente de las cosas: ¿cómo? ¿Está acaso el todo compuesto de puras partes insatisfechas, todas con deseabilidades en la cabeza? ¿Es la «marcha de las cosas» quizá justamente el «¡lejos de aquí!», «¡lejos de la realidad!», la eterna insatisfacción misma? ¿Es la deseabilidad acaso la fuerza impulsora misma? ¿Es ella - deus? Me parece importante deshacerse de la unidad, del Todo, de cualquier fuerza, de un incondicionado; no se podría evitar tomarlo como instancia suprema y bautizarlo Dios. Ha de fragmentarse el todo; perderse el respeto por el Todo; restituir a lo más próximo, a lo nuestro, aquello que hemos dado a lo desconocido y a la totalidad. Lo que Kant, v.gr., dice: «Dos cosas siguen siendo eternamente dignas de veneración» - hoy diríamos más bien: «La digestión es más digna de honra.» El Todo conllevaría siempre los viejos problemas: «¿Cómo es posible el mal?», etc. Así pues: no hay ningún Todo, falta el gran sensorium o inventarium o despensa de fuerza: en esto [+]
11[5] Si se es filósofo como se lo ha sido siempre, no se tiene entonces los ojos para aquello que fue y aquello que deviene - únicamente se ve el ente. Pero dado que no existe el ente, al filósofo le ha quedado reservado únicamente lo imaginario como su «mundo».
11[29] No se puede encontrar aquello que constituye la causa de que exista evolución tomando una vez más la vía de la investigación sobre la evolución; no se debe querer entenderlo como «en devenir», menos aún como devenido... la «voluntad de poder» no puede haber devenido.
11[72] (330) Si el movimiento del mundo tuviese un cierto estado como meta, tendría entonces que haber sido alcanzado. El único factum fundamental es, sin embargo, que el mundo no tiene ningún estado como meta: y toda filosofía o hipótesis científica (v.gr. el mecanicismo) en la que tal estado se vuelve necesario, se halla refutada por este único hecho... Yo busco una concepción del mundo que haga justicia a este hecho: se debe explicar el devenir sin recurrir a semejantes intenciones finales: el devenir debe aparecer justificado en todo momento (o inevaluable: lo que viene a ser lo mismo); no ha de justificarse de ninguna manera lo presente en aras de algo futuro, o lo pasado por mor de lo presente. La «necesidad», no en la forma de un poder total, abarcador y dominante, o de un primer motor; menos todavía como necesaria con el fin de posibilitar algo valioso. Por ello es necesario negar una conciencia integral del devenir, un «Dios», para no situar el acontecer bajo el punto de vista de un ser que siente y sabe, y que, sin embargo, no quiere nada. «Dios» es inútil si no quiere nada y, por otro lado, se establece con ello una suma de displacer y de ilogicidad que degradaría el valor total del «devenir»: por fortuna falta justamente un tal poder sumatorio (- un Dios sufriente y con una visión de totalidad, un «sensorium integral», un «espíritu universal» - ésta sería la más grande objeción contra el ser). Más estrictamente: no se debe siquiera admitir ningún ente - pues entonces el devenir pierde su valor y aparece efectivamente como superfluo y carente de sentido. En consecuencia hay que preguntar: ¿cómo ha podido (cómo ha tenido que) surgir la ilusión del ente? asimismo, como todos los juicios de valor que descansan sobre la hipótesis de que el ente existe están desvalorizados. con ello se reconoce, sin embargo, que esta hipótesis del ente es la fuente de toda difamación del mundo. «el mundo mejor», el mundo verdadero, el mundo del «más allá», «la cosa en sí». 1) el devenir no tiene un estado que sea su meta, no desemboca en un «ser». 2) el devenir no es un estado aparente; quizá el mundo del ente es una apariencia. 3) el devenir tiene el mismo valor en todo instante: la suma de su valor se mantiene igual: dicho de otra manera: no tiene ningún valor, puesto que falta aquello con que se lo podría medir y en relación con lo cual la palabra «valor» tuviese sentido. el valor total del mundo es inevaluable, por tanto el pesimismo filosófico forma parte de las cosas cómicas.
11[73] (331) El punto de vista del «valor» es el punto de vista de condiciones de conservación-potenciación con miras a estructuras complejas de relativa perduración de la vida en el seno del devenir: - no hay unidades últimas perdurables, no hay átomos, ni mónadas: también en este caso el ente es algo que ha sido introducido por nosotros (por razones prácticas, útiles, de perspectiva) - «estructuras de dominio»: la esfera de lo dominante, creciendo continuamente o disminuyendo y aumentando periódicamente; o bien, bajo lo favorable o desfavorable de las circunstancias (de la nutrición-) - «valor» es esencialmente el punto de vista para el crecimiento o la disminución de estos centros de dominio («pluralidades» en todo caso, pero la «unidad» no existe en absoluto en la naturaleza del devenir) - un quantum de poder, un devenir, en la medida en que nada en él tiene el carácter del «ser»; en la medida - los medios de expresión del lenguaje no se prestan para expresar el devenir: pertenece a nuestra insoslayable necesidad de conservación el poner constantemente el mundo, más tosco, de lo que permanece, de las «cosas», etc. En términos relativos podemos hablar de átomos y mónadas: y lo cierto es que el mundo más pequeño es, en duración, el más duradero... no hay voluntad: hay puntuaciones volitivas que constantemente incrementan o pierden su poder.
11[74] (332) - que en el «proceso de la totalidad» no entra en consideración el trabajo de la humanidad, puesto que no hay un proceso integral (pensado éste como sistema -): - que no existe ninguna «totalidad», que ninguna valoración de la existencia humana, de las metas humanas puede hacerse con respecto a algo que no existe en absoluto... - que la necesidad, la causalidad, la finalidad son apariencialidades útiles - que la meta no es acrecentamiento de la conciencia sino incremento del poder, incremento en el cual se halla incluida la utilidad de la conciencia, igualmente con el placer como con el displacer - que no se toman los medios a manera de criterio supremo de valor (por ende, no estados de la conciencia como placer y dolor cuando la conciencia misma es un medio) - que el mundo no es en absoluto un organismo sino el caos: que el desarrollo de la «espiritualidad» es un medio para la duración relativa de la organización... - que toda «deseabilidad» carece de sentido referida al carácter integral del ser.
11[114] «querer» no es «apetecer», perseguir, exigir: se diferencia de éstos por el afecto del comando no hay ningún «querer», sino solamente un querer-algo: no se debe disociar la meta del estado: como hacen los teóricos del conocimiento. El «querer» como lo entienden ellos es algo que, al igual que el «pensar», no tiene lugar: es una pura ficción pertenece al querer el que algo sea ordenado (con lo cual no se quiere decir, obviamente, que la voluntad sea «efectuada»... Aquel estado general de tensión en virtud del cual una fuerza tiende hacia su desencadenamiento - no es una «volición»
14[79] Voluntad de poder Filosofía Quanta de poder. Crítica del mecanicismo dejemos de lado los dos conceptos populares de «necesidad» y «ley»: el primero introduce en el mundo una falsa constricción, el segundo una falsa libertad. Las cosas no se comportan con regularidad; ni de acuerdo a una regla: no hay cosas (- esto es invención nuestra), tampoco se comportan bajo una forzosidad de necesidad. Aquí no se obedece: pues el que algo sea tal como es, así de fuerte, así de débil, no es la consecuencia de obedecer o de una regla o de una forzosidad... El grado de resistencia y el grado de prepotencia - de esto es de lo que se trata en todo acontecer: si nosotros sabemos expresarlo en fórmulas de «leyes» para nuestro uso casero del cálculo, ¡tanto mejor para nosotros! Pero con que finjamos el mundo como obediente no introducimos en el mundo ninguna «moralidad». - No hay ley: cada poder extrae en cada momento su última consecuencia. La previsibilidad está justamente en que no existe ningún mezzo termine. Un quantum de poder está caracterizado por el efecto que ejerce y por el que resiste. Falta la adiaphoria: la cual sería, en sí misma, pensable. Es esencialmente una voluntad de violentamiento y una voluntad de defenderse contra los violentamientos. No autoconservación: cada átomo opera hacia afuera, hacia la totalidad del ser, - se hace abstracción de aquel quantum si se hace abstracción de esta irradiación de voluntades de poder. Por esta razón lo llamo un quantum de «voluntad de poder»: de esta manera se da expresión a este carácter del que no se puede hacer abstracción en el orden mecánico sin hacer abstracción de este orden mismo. El concepto «movimiento» es una traducción de este mundo del efecto en un mundo visible - un mundo para el ojo. Se da aquí siempre por sobreentendido que algo es puesto en movimiento, - de esta forma se sigue pensando siempre, ya sea en el caso de un átomo-molécula o en el de su abstracción, el átomo dinámico, en una cosa que obra - esto quiere decir que no hemos abandonado la costumbre a la que nos incitan los sentidos y el lenguaje. Sujeto, objeto, un hacedor correspondiente al hacer, el hacer y lo que éste hace, separados: no olvidemos que esto designa una mera semiótica y no designa nada real. La mecánica en cuanto teoría del movimiento es ya una traducción al lenguaje sensorial del hombre. Tenemos necesidad de unidades a fin de poder calcular: no se ha de asumir por ello que tales unidades existan. Hemos derivado nuestro concepto de unidad de nuestro concepto de «yo» - nuestro artículo de fe más antiguo. Si no nos concibiéramos como unidades no habríamos formado jamás el concepto de «cosa». Ahora, bastante tarde, estamos sobradamente convencidos de que nuestra concepción del concepto «yo» no ofrece ninguna garantía de una unidad real. A fin de preservar teóricamente la concepción mecánica del mundo hemos de hacer la salvedad de hasta qué punto lo llevamos adelante mediante dos ficciones: con el concepto de movimiento (extraído de nuestro lenguaje sensorial) y con el concepto de átomo = unidad (proveniente de nuestra «experiencia» psíquica): este mundo tiene como presupuestos un prejuicio sensorial y un prejuicio psicológico. El mundo mecanicista ha sido imaginado tal y como el ojo y el tacto se representan por sí solos un mundo (como «movido») de modo que se lo pueda calcular y prever, - que se finjan unidades de manera que las unidades causales, las «cosas» (átomos) cuyo efecto permanece constante, sean algo fingido (- transposición del falso concepto de sujeto al concepto de átomo). Concepto de número. Concepto de cosa (concepto de sujeto). Concepto de actividad (separación del ser-causa y el obrar). Movimiento (ojo y tacto). que todo efecto es movimiento. que donde hay movimiento, algo es movido. Fenomenal es, por lo tanto: la intromisión de los conceptos de número, sujeto y movimiento: en ellos mantenemos todavía nuestro ojo, nuestra psicología. Eliminemos estos añadidos: entonces no nos restan cosas sino quanta dinámicos en una relación de tensión con todos los demás quanta dinámicos: cuya esencia consiste en su relación con los demás quanta, en su «obrar» sobre los mismos - la voluntad de poder no un ser, no un devenir, sino un pathos, es el factum más elemental a partir del cual resulta primero un devenir un obrar... la mecánica formula fenómenos que son [sólo] consecuencias, además, semióticamente, en medios de expresión sensoriales y psicológicos; no toca la fuerza que es la causa...
14[121] Voluntad de poder psicológicamente Concepción de unidad de la psicología Estamos acostumbrados a concebir la progresiva conformación de una enorme abundancia de formas como algo compatible con la proveniencia de la unidad. Que la voluntad de poder es la forma de afecto primitiva, que todos los demás afectos son conformaciones suyas. Que existe un significativo esclarecimiento consistente en colocar poder en lugar de «felicidad» individual que supuestamente persigue cada ser viviente: «persigue poder, un plus de poder» - El placer es sólo un síntoma de la sensación del poder alcanzado, una conciencia de la diferencia - no persigue placer sino que el placer aparece cuando se alcanza aquello que se persigue: el placer acompaña, el placer no mueve. Que toda fuerza impulsora es voluntad de poder, que no existe fuera de ella ninguna fuerza física, dinámica o psíquica... - en nuestra ciencia, en la que el concepto de causa y efecto está reducido a una relación de ecuación, con la ambición de demostrar que a cada lado se encuentra el mismo quantum de fuerza, falta la FUERZA IMPULSORA: sólo consideramos los resultados, los ponemos como iguales en relación al contenido de fuerza, nos dispensamos de la pregunta por la causación de un cambio... es un simple asunto de experiencia que el cambio no cesa: no tenemos, en realidad, la más mínima razón para comprender que a un cam[bio] tenga que seguir otro. Por el contrario: un estado alcanzado parecería tener que conservarse a sí mismo, si no hubiera en él una capacidad [de] no querer conservarse precisamente a sí mismo... El principio de la autoconservación de Spinoza tendría en realidad que detener el cambio: pero este principio es falso, lo contrario es verdad. Justamente en todo lo viviente se puede mostrar clarísimamente que lo hace todo no para conservarse sino para devenir más... ¿es «la voluntad de poder» una especie de «voluntad», o es idéntica al concepto «voluntad»? ¿Viene a significar lo mismo que apetecer? ¿O mandar? ¿es ella la «voluntad» de la que Schopenhauer cree que sería el «en sí de las cosas»? : mi principio es: que la voluntad, tal como la ha concebido la psicología hasta nuestros días, es una generalización injustificada, que esta voluntad no existe en absoluto, que en lugar de concebir la coformación de una única voluntad determinada en muchas formas, se ha anulado el carácter de la voluntad al sustraérsele el contenido, el «¿adónde?» : este es el caso, en grado sumo, en Schopenhauer: lo que él llama «voluntad» es una mera palabra vacía. Aún menos se trata de una «voluntad de vivir»: pues la vida es apenas un caso particular de la voluntad de poder, - es algo totalmente arbitrario sostener que todo se esfuerza por convertirse en esta forma de la voluntad de poder.
14[188] La nueva concepción del mundo 1) El mundo persiste; no es nada que devenga, nada que pase. O más bien: deviene, perece, pero no ha comenzado nunca a devenir y no ha dejado nunca de perecer - se conserva en ambos casos... Vive de sí mismo: sus excrementos son su alimento... 2) La hipótesis de un mundo creado no ha de preocuparnos ni un momento. El concepto «crear» es hoy totalmente indefinible, impracticable; apenas una mera palabra rudimentaria de los tiempos de la superstición; con una palabra no se explica nada. El último intento de concebir un mundo que tenga comienzo ha sido realizado recientemente una y otra vez con ayuda de un procedimiento lógico - en la mayoría de los casos, como se adivinará, a partir de una segunda intención teológica. El eterno retorno Filosofía 3) Últimamente se ha querido encontrar repetidamente una contradicción en el concepto de la infinitud temporal regresiva del mundo: incluso se ha encontrado tal contradicción, pero ciertamente al precio de confundir la cabeza con la cola. Al contar hacia atrás a partir de este momento, nada me puede impedir decir: «No llegaré nunca al final»: así como, a partir del mismo momento, puedo contar hacia adelante infinitamente. Sólo si quisiera cometer el error -me cuidaré de hacerlo- de equiparar este concepto correcto de un regressus in infinitum al concepto absolutamente impracticable de un progressus infinito hasta ahora, sólo si doy la dirección (hacia adelante o hacia atrás) como lógicamente indiferente, llegaría a tomar la cabeza, este momento, por la cola: ¡esto ya es cosa suya, mi querido señor Dühring. 4) Me he tropezado con este pensamiento en pensadores anteriores: siempre estaba determinado por otras segundas intenciones (- generalmente teológicas, a favor del creator spiritus). Si el mundo pudiera de alguna manera quedarse rígido, marchitarse, perecer, volverse nada, o si pudiera alcanzar un estado de equilibrio, o si tuviera una meta cualquiera que implicara la perduración, la inalterabilidad, el de-una-vez-por-todas (en una palabra, dicho metafísicamente: si el devenir pudiera desembocar en el ser o en la nada) entonces este estado ya tendría que haberse alcanzado. Pero no se ha alcanzado: de lo cual se sigue... Ésta es nuestra única certeza, la única que tenemos en las manos a manera de correctivo contra una gran cantidad de hipótesis en sí posibles acerca del mundo. Si el mecanicismo, por ejemplo, no puede eludir la consecuencia de un estado final, que Thompson extrajera en su nombre, entonces se halla refutado por esta razón. Filosofía 5) Si es admisible pensar el mundo como magnitud determinada de fuerza y como número determinado de centros de fuerza -y si toda otra representación sigue siendo indeterminada y, por tanto, inutilizable-, entonces se sigue que ha de atravesar por un número calculable y previsible de combinaciones dentro del gran juego de dados de su existencia. En un tiempo infinito cada combinación posible tendría que haber sido alguna vez alcanzada; más aún, tendría que haber sido alcanzada un número infinito de veces. Y puesto que, entre cada «combinación» y su próximo «retorno», tendrían que haber transcurrido todas las combinaciones posibles y que cada una de estas combinaciones condiciona toda la secuencia de combinaciones en la misma serie, así pues, quedaría con ello demostrado un ciclo de series absolutamente idénticas: el mundo como ciclo que se ha repetido ya infinitamente y juega su juego in infinitum. Esta concepción no es sin más ni más una concepción mecanicista: pues si lo fuera no condicionaría un retorno infinito de casos idénticos, sino un estado final. Dado que el mundo no lo ha alcanzado, el mecanicismo ha de pasar para nosotros por una hipótesis imperfecta y apenas provisoria.
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